En estos tiempos de dudosa recuperación anímica por la reciente, y aún no superada pandemia de Coronavirus, se imponen las medidas de austeridad de las economías caseras, ya de por sí bastante maltrechas en su salida de la crisis anterior. Tan es así que se prevé que el turismo se resentirá y que será preponderante el turismo interior, o lo que es lo mismo, el que tendrá a las distintas regiones de España como destino prioritario.
Hecha esta aclaración, es bueno señalar que tampoco es una desgracia de magnitudes cósmicas viajar por distintos pueblos, ciudades o regiones de España. Hay alternativas muy interesantes. El camino de Santiago es probablemente una buena opción para conocer el norte de las Españas, que siempre ofrece al viajero alguna novedad que descubrir por mucho que se haya rodado por él. Llegados a este punto vamos a proponer otra ruta, menos conocida, menos masificada, pero igualmente deliciosa por la inmensa variedad de atractivos que ofrece: La Ruta de la Plata.
Si se recorre el primigenio itinerario, a nadie dejará indiferente. Partiendo de Astorga que ya de por sí tiene un atractivo histórico y paisajístico que, en las más de las ocasiones, sus vecinos no somos capaces a apreciar en su totalidad porque siempre lo tuvimos ahí, se continua visitando lugares llenos de encanto que además tienen la particularidad de ser una de las vías de comunicación más antiguas de España. Continúa por la Bañeza, Alija con su puente cargado de historia decimonónica y con un leve desvío hasta puede visitarse el astur castro de las Labradas.
Sería prolijo enumerar todos los puntos de interés que se pueden encontrar a su paso y por ello sólo mencionaremos muy superficialmente algunos de ellos. Ya en Zamora, Benavente, siempre buena villa. La Granja de la Moreruela, con su ruinoso monasterio es visita obligada aunque sólo fuera por ver los aún existentes vestigios de León en su arquitectura. Zamora con sus murallas al borde del Duero, pequeña ciudad pero rebosante de historia mal pagada, no se debe perder.
Ninguna presentación necesita Salamanca, “académica palanca”, junto al tormes, cargada de simbolismo y brocal de la sabiduría. Guijuelo y Béjar marcando el límite con Extremadura ofrecen en sus cercanías lugares como Candelario o la Alberca capaces de saciar los paladares más exigentes de los viajeros ávidos del más clásico casticismo, el tuétano de la región leonesa. Majestuosos buitres suelen acompañar el viajero por estas recónditas sierras, cuando ya evocadoras trashumancias pasadas, anuncian que Extremadura se insinúa con su desnudo esplendor.
Hablar de Extremadura es, para sus enamorados, motivo de veneración y culto. El Baños de Montemayor romano o el Hervás judío “bien valen una misa”. Plasencia con su catedral, frontera con el reino de Castilla tampoco puede quedar olvidado. Sería eterno mencionar los lugares deslumbrantes de Cáceres y se precisaría un libro para mencionarlos a todos. Sabrán disculparnos si nos vamos directamente a Cáceres donde perderse en sus calles es un ejercicio místico. Aún parece que el muhecín saldrá a llamar a la oración en su plaza mayor.
Y con esta obnubilación del gusto hay que seguir dejando atrás joyas sin mencionar, cómo Alcántara con su puente, siempre aguardando por el viajero curioso por saciar su interés. Llegamos a tierras pacenses. Otro sobresalto para la vista y el deleite. Enormes extensiones, dehesas, viñedos, olivares... Aún parecen resonar los cascos de corceles árabes por aquellos campos. Llegados a este extremo extremeño, pronto nos asalta Emerita Augusta, Mérida. Miscelánea de restos arqueológicos que enloquecen al que se acerca a admirar siglos de historia reconcentrada.
Parecería el fín de la ruta propuesta, pero no visitar Almendralejo donde admirar la tradicional majestuosidad de las calles extremeñas, su capital, Badajoz, ultima conquista leonesa en las inmediaciones del eterno vecino Portugal, o cometer el sacrilegio de no acercarse a Olivença, sería como dejar el viaje cojo y manco. Ampliar el viaje por Asturias o extenderlo hasta Sevilla ya es opcional para los deseos del turista de interior que se de el gusto de conocer esta ruta.
Como colofón sólo un pequeño apunte. Es difícil precisar en qué, pero toda la fisonomía de las ciudades de la Vía de la Plata , siguen mostrando un hilo conductor que, a pesar de las grandes distancias entre principio y fin. Sin que nadie lo indique, no deja lugar a dudas de que tiene la magia de mostrarse como un camino singular, como un itinerario cohesionado en espacio y tiempo que discurre por todo el faldón occidental hispano. Un guiño más del inmortal Reino de León
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| Emerita Augusta - Merida |
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| Béjar |
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| La Granja De La Moreruela |
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| Murallas De Zamora |




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