EL “NO” EN CACABELOS Y LOS VAGONES DEL SIL
Vaya por delante, antes de nada, mi profunda decepción por el rechazo que ha sufrido en Cacabelos la opción por un León fuera de Castilla. Siempre pensé que el compromiso de los representantes del pueblo con su tierra era más sólido, y que la palabra de León suponía bastante más para sus naturales que la mera delimitación geográfica de la provincia homónima.
Dicho esto no puedo por menos que levantar mi voz en contra de los comentarios hirientes que se han vertido en las redes sociales contra toda la población, como si todos los vecinos de Cacabelos, con una sola voz, hubieran rechazado la opción que se les presentaba: Me parece excesivo tal suposición y estoy convencido que dentro de los cacabelenses, no sé en qué porcentaje, no dejara de haber simpatizantes de la desconexión con Castilla.
Decía Rousseau, que algo sabía de los tejemanejes políticos, que la nuestra no es una democracia “sensu lato” sino que es una democracia electiva, por delegación del voto. Eso trae como consecuencia esperpentos tan notables como participar en la guerra de Irak sin la aprobación del parlamento. Y otro tanto sucedió con aquello de “OTAN de entrada no” que acabó siendo OTAN de entrada sí y además de cabeza.
Quiere significarse con esto que, en muchas ocasiones, nuestros representantes se pasan la voluntad popular por el arco de triunfo. Pero es bien cierto que, igualmente, pudiera ser que la población de Cacabelos se sienta poco o nada concernida por el problema de un León sólo o acompañado. Lo que es una lástima porque Cacabelos podría haber sido la llave que abriera la puerta de un rosario de mociones por todo el Bierzo.
Sea como fuere, las aceradas críticas vertidas contra la ciudadanía de Cacabelos por tal motivo, me han traído a la cabeza la similitud con la irracional operación de lanzar varios vagones de ferrocarril al cauce del Sil por la empresa ADIF. Son actuaciones irreflexivas impropias de quien las comete. En el caso de los vagones se resolverá volviendo a extraer dichos vagones del lecho del río, y despotricar de los vecinos de Cacabelos supondrá, salvo que estos tengan acopio de sentido común, empujarlos al río Cua, políticamente hablando.
Los simpatizantes de una autonomía leonesa hemos tenido que pasar este trago amargo como el que toma un vaso de veneno pero veamos el asunto con perspectiva y no lancemos vagones al río echando culpas ajenas sin reconocer las propias, porque después será más costoso volver a recuperarlos que si se recondujeran sobre las vías. En muchos casos estamos intentando empezar la casa por el tejado y, ciertamente, no es la mejor idea.
Hemos confiado ingenuamente que los partidos estatales más asentados en León mostrarían su adhesión inquebrantable a la causa “leonina” sin parar a pensar que presiones pueden estar recibiendo de sus respectivas formaciones, las aspiraciones de medra personal o las convicciones personales, que hay gente “pa tó”. No habiendo representación leonesista alguna en ese consistorio, era tanto como pretender hacer germinar una semilla sobre el asfalto.
En el Orbigo los rapaces salíamos a pescar a tierna edad, la tentación de cogerlo todo a esas edades era grande y el control de tallas casi inexistente, pero cuando mostrabas tu cesta con una trucha minúscula, el desprestigio que ocasionaba que te vieran llevarte a casa aquellas insignificancias era un bochorno insufrible que superaba al miedo a la sanción que pudiera caerte por ello. Y mientras no alcancemos esa pulsión en nuestra provincia, Pola de Gordon, Valdevimbre o Cacabelos serán un martirologio y continuaremos lanzando vagones al río.
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