LA SANGRÍA QUE NO CESA
Para este artículo, mitad plegaria, mitad lamento, a las musas encomiendo mi espíritu y a los destinatarios, responsables del servicio de hematología más próximo, ruego su acogimiento.
Es cosa de todos sabida que intentar llenar una bañera sin el tapón del desagüe es misión de todo punto imposible. Cualquier sanitario sabe que una hemorragia no se cohíbe por muchas transfusiones que se le practiquen al paciente si el vaso que sangra copiosamente no es ligado en las debidas condiciones. Dicho en términos coloquiales: El León se nos va si no le atajamos la hemorragia que padece.
Va este exordio dirigido a esos intrépidos y audaces caballeros de muy noble estirpe leonesa que nos han causado perplejidad negándose, en sus respectivos ayuntamientos y Juntas vecinales, a la aprobación de la demanda planteada por sus electores para abandonar “per secula seculorum” la autonomía de Castilla y León. Para los que no somos nada proclives a seguir con esta farsa, de la que somos involuntarios figurantes, la primera reacción es la irritación o el anatema. Irreflexivas reacciones que no rinden fruto alguno.
Por evitar esa exaltación, desde las humildes líneas de este escrito, quisiéramos invitarles a todos ellos para que contestaran a unas simples preguntas. Nos honraría mucho conocer sus respuestas y no menos les honraría a ellos si nos las quisieran contestar. La primera pregunta que se le ocurre a cualquier alma cándida es la siguiente. ¿Según su criterio, qué ventajas encuentran para continuar con la presente situación de manifiesto deterioro que sufre nuestra tierra y por ende la suya? Jamás nos las han explicado públicamente sus mentores.
¡Ah! Si acaso recurren al manido tema del descalabro económico que nos ocasionaría esta escisión largamente añorada, personalmente les rogaría que nos lo demostraran con cifras fehacientes y sin recurrir a funambulismos argumentales, esos a los que nos tienen tan acostumbrados nuestros abnegados representantes. La segunda pregunta es ¿Están convencidos íntimamente de lo que nos intentan hacer creer o bien sólo están ejerciendo como meros portavoces del dictamen de esos partidos a los que pertenecen?
De sobra sabemos que se trata de personas muy ocupadas en sus tareas gubernativas y es de sobra conocido el grado de entrega a sus obligaciones, así pues, vaya la última pregunta. ¿Caso de que no pudieran justificar las ventajas económicas para León de seguir perteneciendo a este “emporio”, y que no estuvieran coaccionados por sus respectivos partidos, podrían explicarnos a que esperan para revocar su decisión y porque nunca les llega el momento idóneo para abordar este asunto con la seriedad debida?
No se me podrá negar que las tres preguntas son de fácil y rápida contestación. Y por eso emplazamos a todos estos “nuestros” negacionistas patrios para que, sin mayor dilación, procedan a ilustrarnos públicamente al respecto, en la completa seguridad de que los leoneses corrientes sabremos comprender sus reticencias. Y del mismo modo, emplazamos a todos los leoneses que sientan algo por su tierra, para que urjan a los esforzados trabajadores de la política local a explayarse pormenorizadamente sobre asunto tan crucial para nuestro país.
Hace años que se nos adeuda esta aclaración, y la verdad, resulta ya ominosa semejante tardanza. Bueno, sospechosa también. Porque ¿saben? es que León se nos está desangrando. No vaya a ser que a estas alturas aún no se hubieran enterado.
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